7/15/2017

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Venezolanos en el extranjero: Construyendo su futuro desde afuera

By: Glango On: 10:09
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  • Venezolanos en el extranjero: Construyendo su futuro desde afuera


    La impotencia de no saber cuándo acabará la problemática de la crisis económica, política y social ha hecho que los venezolanos decidan iniciar una nueva vida y un mejor futuro fuera de las fronteras de su país. En la mente y el corazón quedan la familia, pareja y amistades, y en algunos casos hasta el título profesional por la importancia de aprender algún oficio que puedan realizar para sobrevivir en el país donde sean recibidos.

    En Estados Unidos se encuentra Pedro González desde hace seis meses. Conocido por haber representado por varios años en diferentes torneos y campeonatos a la vinotinto de la selección nacional de Venezuela de Softball, vio cómo su carrera deportiva fue interrumpida por los problemas sociales y económicos que afectan hoy en día a nuestro país.
    A sus 33 años se encuentra en la ciudad de Miami trabajando para una empresa de transporte a través de una aplicación móvil, Lyft, y como umpire de softball en diferentes torneos de la ciudad-puerto ubicada en el sureste de Florida.
    “Me va bien en ambos empleos, uno es full-time y el otro es part-time; la relación ha sido muy buena, trabajando como umpire, empleo que obtuve gracias a la buena relación que tengo con amigos cubanos a través del softball. Mientras que en la empresa de servicio Lyft uno es su propio jefe, el único requisito de ese trabajo es tener un vehículo para trasladar a las personas al sitio a donde vayan a dirigirse. Las personas deben descargar la aplicación en su teléfono, se registran, ingresan su número de teléfono e ingresan una forma de pago ya sea por tarjeta de crédito o cuentas de bancos. No se maneja efectivo”, comentó a El Universal.
    Actualmente comparte vivienda con otros tres compañeros que, al igual que él, se encuentran legalizando sus documentos en la nación americana. Han podido dividir los gastos lo que les ha facilitado mensualmente ahorrarse un dinerito. “La clave para vivir aquí es tener una vida compartida; yo pago casa, la cuota mensual del carro, hacemos mercado en conjunto, costeamos los servicios y lo que nos queda es para ahorrar”, dice.
    Pero así como Pedro pudo encontrar el camino adecuado en el mercado laboral, también nos cuenta cómo los venezolanos son víctimas de la discriminación social en algunos trabajos por parte de personas de diferentes países. “A mi llegada a Estados Unidos, mi primer empleo fue en una construcción como ayudante de albañil. Allí se ven muchos casos, y a los venezolanos nos dicen que 'aquí se viene a trabajar, que eso es en Venezuela que somos jefes', a otros les colocaban más carga de trabajo. Son pruebas de supervivencia donde tienes que mediar con muchas variantes y sobretodo aguantar la presión, y en algunos caso hasta la humillación”.
    Por eso hoy en día  celebra la buena relación que tiene con sus compañeros de trabajo en la actividad deportiva que realiza. “El trato es bueno, las personas aquí son amables; con los cubanos que laboro tenemos buena relación, ellos me conocieron por un torneo que jugué aquí con la selección, gracias a la recomendación de un amigo; me dieron la oportunidad y aquí estoy como umpire”.
    Ahora, ¿dónde queda Venezuela en la vida de este hombre? Cada día la crisis en el país, se agudiza más,  al menos un muerto deja diariamente alguna manifestación que se realice a favor o en contra del Gobierno actual, pero realmente, ¿que pasará por su corazón y mente?
    “Extraño a Venezuela, mi familia y amigos. A veces se siente ese vacío”, confiesa.
    “Cada vez que veo las noticias me preocupa la situación del país, de mi familia por allá, mis hijos. Cuando están en la calle jugando o cuando vienen de sus estudios, no dejo de pensar en ellos por la misma situación que acosa a mi país, la inseguridad y los muertos a cada rato. En todas partes hay peligro; aquí por ejemplo hay un  barrio de negritos conocido como “Little Haití” donde tú pasas y ves a lo chamos con pistolas y su droga, ellos saben en lo que andan y saben con quién meterse;  pero al menos aquí puedo salir a la media noche a tomarme un trago y sé que hay seguridad en las calles, a diferencia de Venezuela donde ya eso se perdió”, explicó con voz de molestia.
    Muchos venezolanos publican fotos a diario a través de las redes sociales en las que se muestra la “Cromointerferencia de color adictivo” del reconocido artista plástico Carlos Cruz Diez. Es una imagen emblemática del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar en Maiquetía, ese que hoy en día es símbolo de tristeza y separaciones entre parejas y familias.
    Lirbeth Torres le cuenta a El Universal cómo se  sintió cuando tuvo que despedirse hace cuatro meses de sus padres para buscar un mejor futuro en la tierra del tango, Argentina. “Fue un momento muy doloroso, sentí que el corazón se me partía en dos, solo pensar que mi mamá y mi papá iban a quedar solos es algo muy doloroso y muy triste. Viajé sola llena de ilusiones y como cualquier venezolano en busca de un mejor futuro para mí”, comentaba con voz nostálgica.
    Ella, que antes no estaba segura, decidió que su vida debía continuar en tierras extranjeras cuando abordó el vuelo con destino a Buenos Aires.
    “Es una ciudad muy linda la gente es amable pero lamentablemente no ha sido fácil para mí poder tener un trabajo continuo, comenzando porque el proceso para mi Documento Nacional de Identidad (DNI) se ha demorado debido a la cantidad de venezolanos que cada día están haciendo el trámite para sacarlo. Es el principal requisito para que el extranjero pueda optar por un empleo formal, o digamos profesional”, relató.
    Sin embargo, durante su llegada a Buenos Aires, la fortuna no estuvo de su lado debido a ciertos incidentes que sólo creemos que suceden en Venezuela donde la inseguridad es una de las principales desventajas del país sudamericano.
    “Mi primer trabajo fue en una tienda, me sentía bien allí, pero los dueños decidieron mudar el establecimiento y me dijeron que no podía continuar con ellos. Luego conseguí otro empleo en otra tienda; allí un domingo mientras realizaba mi labor con una compañera, entraron unas personas con pistolas, nos apuntaron, robaron la caja, nos metieron en un depósito, nos amenazaban, fue algo terrible, sentí mucho miedo, jamás había vivido eso en Venezuela y me tocó vivirlo aquí. Tuve que dejar el empleo inmediatamente, porque ya lo habían hecho varios domingos y como que la cosa era recurrente, tenía que resguardar mi vida y decidí nuevamente introducirme en la búsqueda laboral”, expresó.
    En la actualidad Lirbeth se encuentra trabajando en un café tipo restaurant, allí trabaja por día y por horas,  y poco a poco ha ido adaptándose a los menús y los tipos de café que se preparan en el sitio público.
    “La gente es muy amable, a los clientes les gusta mucho el acento venezolano, me han ofrecido empleo apenas tenga mi DNI. Yo poco a poco me he ido acostumbrado a los tipos de café que solicitan los clientes, a la comida. Aquí en el almuerzo comen sándwich, en el desayuno comen dulces como alfajores, tortas, son cosas a las que poco a poco me he ido acostumbrando. Pero me hace falta el calor de mi tierra, la comida venezolana, es muy duro alejarse de las sensaciones y costumbres de nuestro país", confiesa.
    La nostalgia, tristeza y el hecho de extrañar a sus seres queridos forman parte del día a día de la joven. Pero también es necesario comprender que todo esto pasa con el tiempo, una vez que cada persona encuentra estabilidad en el proyecto que emprende y en su nueva vida.
    “Diariamente pienso en mis padres, ellos son mi fuerza para seguir aquí luchando por un mejor futuro para mí. Aquí conocí a mi pareja, él también me brinda fuerzas para seguir adelante, pero, ¿cómo no sentirte triste cuando sabes que tu familia esta allá luchando para sobrevivir ante toda esta situación que rodea a mi país?. Cuando llego a la casa en la noche, reviso mi cuenta en Instagram y me entero que hubo muertos, o algo sucedió. Me comunico para saber de mi sobrino, cómo está, si llegó bien, porque cada día son niños los que mueren y eso es lamentable”, dijo mientras se quebraba su voz y explotaba en llanto.
    “Yo espero que algún día todo esto pase y pueda regresar a mi país, para estar con mi familia a la que extraño mucho, ir a El Ávila, sentir su frío, comerme un pabellón criollo. Esas cosas son inevitables y saber que una larga distancia te separa de tu familia es muy difícil. Aún recuerdo la despedida en el aeropuerto, el alejarme de ellos hizo que madurara muchas cosas en mi vida: enfrentarte a nuevos destinos, nuevos retos y superarte como ser humano. Aquí a los venezolanos nos admiran por nuestra humildad y por las ganas de echar pa' lante, eso es  símbolo de que podemos progresar, construir e iniciar una mejor vida ante la situación crítica que lastimosamente, acorrala a nuestro país”.
    Iniciar "desde cero" es difícil, más si se hace en tierras extranjeras. Un trabajo que no requiere la profesión que se tiene, horarios con poco descanso y sin días libres, cambio de documentos, leyes que se deben acatar y sanciones por su incumplimiento son algunos de los sacrificios que se deben realizar por no querer regresar a la patria, que es amada pero también temida y por eso muchos desean ahora abandonar.
    No son pocos a los que la persistencia y el esfuerzo dan resultados.
    Devin Díaz, caraqueño que se fue a Chile en el mes de septiembre de 2016, comenzó "desde cero" iniciando un largo viaje hacia Santiago de Chile vía terrestre, lo que muchos venezolanos hacen para ahorrarse un dinerito debido a los altos precios de los pasajes aéreos.
    "Aquí hay dos maneras de sacar los papeles para trabajar: la primera es con título, cuando llegas ingresas tu título con unos recaudos adicionales y te dan la visa por un año; si no tienes visa te dan un permiso para trabajar a los 45 días de haber tramitado la visa. Mi primer trabajo fue cargando cajas en una librería y descargando mercancía, estar pendiente de cuando llegara la mercancía, a veces estaba en la caja o como vendedor", contó Devin a El Universal mientras caminaba por las calles de la ciudad chilena y con el ruido de los autos de fondo.
    Allí su horario fue de 8:00 a.m hasta las 11:00 p.m de lunes a sábado. Un horario inusual para nosotros lo venezolanos que laboramos ocho horas al día como lo establece la Ley Orgánica del Trabajo.
    “Estaba en trámites de visa y me pagaban sueldo mínimo; eso no te alcanza para nada, con eso pagas comida, habitación y los pasajes. Gracias a Dios que cuando llegué a Chile estuve en casa de un conocido, allí viví seis meses y eso me dio para reunir dinero”, comenta el profesor de Educación Física de 30 años de edad.
    “Con un solo trabajo ni yo, ni ningún venezolano sobrevive. Este es un país caro, aquí todo cuesta mucho. A los tres meses de mi llegada, conseguí otro empleo como vigilante de un condominio. Así que de lunes a sábado trabajaba en la librería y los fines de semana en la noche como vigilante del condominio. Pero no vigilante como los que estamos acostumbrados a ver en Venezuela, aquí es más formal”.
    El transporte es uno de los gastos más elevados para los extranjeros en ese país. “Por ejemplo el sueldo mínimo aquí son 275 mil pesos, el promedio mensual en gastos de pasaje son 30 mil, en una habitación se te van 150 o 180 mil con cama y televisor y si la buscas más amueblada pasa los 200 mil, mientras en mercado gastas entre 50 y 60 mil pesos, entre todo eso se te va el sueldo mínimo”, contó Devin Díaz.
    Ser emigrante supone límites, dificultades, grandes esfuerzos, nostalgia, desarraigo, incertidumbre. No es una moda sino un fenómeno impulsado por muchos factores y que afecta con mayor notoriedad al sector de profesionales y estudiantes universitarios. 
    “Actualmente trabajo en un banco y conservo el otro empleo de vigilante; digamos que entre los dos no tengo un súper sueldo, pero me alcanza para reunir, para enviarle a mi familia y para mudarme que, si Dios quiere, para el mes entrante espero tener mi propio condominio. Ahorita, después de ocho o nueve meses de estar aquí, puedo decir que tengo un sueldo para mantenerme yo solo, sin estar tan ahorcado, señaló.
    Los venezolanos consiguen trabas y deben pasar por varias etapas para lograr cubrir al menos "el pan de cada día". Va desde poder llegar al   destino que eligieron hasta formalizar los documentos para la búsqueda de empleo, y luego mantenerse y "sudar la gota gorda" para cubrir los gastos de su nueva vida. 
    “Como venezolano uno debe pasar aquí por varias etapas. Sin papeles tienes que aceptar el trabajo que te llegue, tampoco puedes aspirar mucho tiempo a conseguir algo que este dentro de tu área o de lo que tú quieres; luego tienes que pagar un proceso de revalidación del título que es un poco difícil porque debes pagar mucha plata y son pocos los venezolanos que llegan con ese dinero, y luego está la entrada en el mercado laboral profesional. Más que suerte depende  de la preferencia que traigas. Aquí hay buhoneros vendiendo arepas, los venezolanos llegan aquí y se rebuscan de cualquier manera".
    ¿Y donde queda Venezuela en la vida de este joven, que de manera inesperada tuvo que tomar la difícil decisión de buscar una mejor estabilidad económica y un mejor progreso para ayudar a su familia que vive en un país que día a día sigue sufriendo la ausencia de sus profesionales, talentos humanos?
    "Uno está aquí con cierto nivel de comodidad pero en realidad no aplica tanto porque uno 'se mata' trabajando 24 horas al día, siete días a la semana, para conseguir el dinero necesario para pagar la habitación y los servicios.  Pero en términos generales, te sientes impotente, porque uno aquí ve cómo en Venezuela todo empeora, al pasar de los días todo va degradándose. Tú puedes mandar la cantidad de plata que quieras pero eso no sirve de nada, no consigues nada, te sientes frustrado porque al final uno trata de ayudar pero no puede. Espero que algún día toda esta locura cambie”, afirmó Devin con ánimo esperanzador.
    Cada día muchos venezolanos preparan maletas llenas de sueños y ropa con el único objetivo de "enamorarse de Washington", o casarse con el peso y olvidarse del bolívar. Los venezolanos que deciden emigrar, van en busca de un mejor futuro, estabilidad económica, salud y seguridad. La "escasez" de estos es el impulso perfecto para que al principio muchos incorporen en su equipaje un “no regreso más” y luego no sepan responder la incómoda pregunta "¿cuándo vas a volver?”.

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